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domingo, junio 22, 2014

Ruido




Ella le pidió que la llevara al fin de mundo,
él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
como dos desconocidos.

Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
en la cuenta del olvido,
y hubo tanto ruido
que al final llegó el final.

Mucho, mucho ruido,
ruido de ventanas,
nidos de manzanas
que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido,
tanto ruido y al final
por fin el fin.
Tanto ruido y al final…

Hubo un accidente, se perdieron las postales,
quiso Carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
son el mismo repetido
y con tanto ruido
no escucharon el final.

Descubrieron que los besos no sabían a nada,
hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
se apagaron los latidos,
y con tanto ruido
no se oyó el ruido del mar.

Mucho, mucho ruido,
ruido de tijeras,
ruido de escaleras
que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final…
Tanto ruido y al final
la soledad.

Ruido de tenazas,
ruido de estaciones,
ruido de amenazas,
ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.

Ruido de abogados,
ruido compartido,
ruido envenenado,
demasiado ruido.

Ruido platos rotos,
ruido años perdidos,
ruido viejas fotos,
ruido empedernido.

Ruido de cristales,
ruido de gemidos,
ruidos animales,
contagioso ruido.

Ruido mentiroso,
ruido entrometido,
ruido escandaloso,
silencioso ruido.

Ruido acomplejado,
ruido introvertido,
ruido del pasado,
descastado ruido.

Ruido de conjuros,
ruido malnacido,
ruido tan oscuro
puro y duro ruido.

Ruido qué me has hecho,
ruido yo no he sido,
ruido insatisfecho,
ruido a qué has venido.

Ruido como sables,
ruido enloquecido,
ruido intolerable,
ruido incomprendido.

Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido.

Joaquín Sabina

lunes, junio 09, 2014

La recriminación


Me voy con la recriminación
de la gente que has querido
menos intensamente que yo.
Su falta de tacto y su intención
por ponerme en entredicho
por hacer más ruido entre tú y yo,
van inversamente en proporción
a las veces que han mostrado
sentido común y compasión.

Se abre un signo de interrogación,
cuando paso por tu lado
y te abrazo sin darte otra opción.
Que sólo vine a decirte adiós.
Tus abismos y tu gente
me dan frío cuando hace calor.

Te vas con la recriminación
de la gente que me ha dicho
que no tienes consideración.
Cada cual que aporte su versión.
No renuncio por capricho.
Lo hago por cariño y sin rencor.

Me das pena en esta posición
tú crees que te dejo sola.
Lo que estoy haciendo es aún peor.
Tengo para ti una indicación:
guárdate de quien se afirme
guardián de tu propio corazón.

Me voy con la recriminación…

Maronda