Selección de canciones de autor en español con interés para el aprendizaje del idioma por la calidad de sus textos o por la belleza de la música y/o texto
Cógelo, ve por él
Suéltate, inténtalo
Sírvete, agárralo
Mírate, creételo
Sal de ahí, afróntalo
Ciérralo, déjalo ir
Di que sí o di que no
Tómalo, confía en ti
Sí que puedes, que nadie te diga que no
Porque sí que puedes
Sí que puedes, que nadie te diga que no
Porque sí que puedes
Sálvate, exígelo
Cázalo, duro con él
Pruébate y pruébalo
Cámbialo, atrévete
Sí que puedes, que nadie te diga que no
Porque sí que puedes
Sí que puedes, que nadie te diga que no
Porque sí que puedes
Si puedes virar el rumbo y tirar lo que sobra
Puedes volver a coleccionar segundos de placer
Y estrofas de poéticas palabras y de golfas madrugadas
Estarás cerca si en vez de mirar al suelo echas a caminar
Si puedes alcanzarlo, mira, lo tienes delante
Puedes dar un paso y otro y otro más
Casi lo tienes, puedes salir del armario
Cogerlo por el mango
Échale ovarios
No te deseo suerte, no hace falta
Porque sí que puedes, que nadie te diga que no
Sí que puedes
Sí que puedes, que nadie te diga que no
Porque sí que puedes
Si lo que quieres es vivir cien años no
pruebes los licores del placer,
si eres alérgico a los desengaños
olvídate de esa mujer.
Compra una máscara antigás,
mantente dentro de la ley,
si lo que quieres es vivir cien años haz
músculos de cinco a seis.
Y ponte gomina que no te despeine el
vientecillo de la libertad,
funda un hogar en el que nunca reine
más rey que la seguridad.
Evita el humo de los clubs,
reduce la velocidad,
si lo que quieres es vivir cien años
vacúnate contra el azar.
Deja pasar la tentación, dile a
esa chica que no llame más,
y si protesta el corazón en
la farmacia puedes preguntar:
"¿Venden pastillas para no soñar?"
Si quieres ser Matusalén vigila tu colesterol.
Si tu película es vivir cien años no lo
hagas nunca sin condón.
Es peligroso que tu piel desnuda
roce otra piel sin esterilizar,
que no se infiltre el virus de la
duda en tu cama matrimonial.
Y si en tus noches falta sal para
eso está el televisor,
si lo que quieres es cumplir
cien años no vivas como vivo yo.
Ella fue feliz desde pequeña.
Siempre contenta, pasó a ser mujer.
En ese momento cuando la vida se empeña
en que abandones el nido y eches a correr.
Supo salir sola de los atolladeros
que el destino te pone como prueba vital.
Conoció a David, un pedazo de hombre.
Nadie imaginaba que acabaría mal.
No se puede ir por la vida siendo tan imbécil.
No se puede ir machacando a la gente por ahí.
La maltratas a ella porque sabes que es más débil.
Pues si tantos huevos tienes, ¡pégame a mí!
David era un tipo de lo más sencillo.
El novio que todas querrían tener.
De buena familia incluso un poco pijo.
Trabajador intachable y un amigo fiel.
De esos que van por la calle y saludan
a todo cristo que pasa, un tipo amable y formal.
¿Quién iba a sospechar que tiene una cara oculta?
Que somos doctor Jekyll y mister Hyde.
No se puede ir por la vida siendo tan imbécil.
No se puede ir machacando a la gente por ahí.
La maltratas a ella porque sabes que es más débil.
Pues si tantos huevos tienes, ¡pégame a mí!
Ésta es la última canción que voy a regalarte cuando acabe para siempre ya no estaré aquí. No fui feliz. Desde el día que dejaste todo por aquel cursillo intensivo y falto de cariño como tu niñez. Todo al revés.
Fuiste para mí lo primero. Yo era para ti, un sexteto de cuerdas desafinadas. Llantos en la madrugada. No fue amor, no es amor, no lo quiero.
Tienes 24 años, demasiada plata. Tienes un abrazo que no abraza nada. Y aunque no lo entiendas, me olvidé de ti.
Adiós, amor. No vuelvas a tocarme la piel, amor. No vuelvas a tocarme la piel.
Si miraras menos al espejo cuando estás hablando con alguien delante. Si no fuera errante toda esa belleza que no es nada más que un vendaval que ya se aleja.
Si de vieja en ese espejo lloras, no te arrepientas.
No te arrepientas de tu maldad que es inconsciente como el agua del mar. Como sal que se vierte en la herida al curar, como locos que quieren no quererse ya más.
No soy como tú, te deseo el bien. Pero lejos. No te olvidaré.
No llames y vuelvas. No vuelvas y llames.
Adiós, amor. No vuelvas a tocarme la piel, amor. No vuelvas a tocarme la piel.
Adiós, amor. No vuelvas a tocarme la piel, amor. No vuelvas a tocarme la piel.
Sin querer, llegará abril pero oscuro y sin claveles
y tú mirarás los días como quien mira la nieve
caer sobre la ciudad, alunada y siempre hambrienta
y la crisis va llenando de dormidos las cunetas.
Y tú hibernando, ausente, exhausto y sin latido,
vencido por el miedo y la luz de los mercados,
cansado ya, quizá de estar perdido. Perdido.
Cuando el trabajo te escupa cual carozo de cereza
rodarás pendiente abajo. No quedará quien proteja
a la virgen del dragón. Cuando suenen las alarmas
la marea habrá subido acorralándote en la cama.
Despertarás entonces, desarmado y cautivo.
Y como quien regresa a la casa en que fue niño
todo parecerá más pequeño, más oscuro:
el horizonte, la llama y el futuro.
Y entonces dime qué harás.
Despierta,
ya verás, que te están esperando,
paciendo en el portal una reata de pegasos
para cruzar el cielo tras la estrella del vencido
y hacerse las preguntas que exigen estar aún vivo.
Despierta,
has de pintar nuevas constelaciones
para que navegantes extraviados en la noche
encuentren el camino que les acerca al mañana
en el que Prometeo burla al dios y trae la llama.
Que el destino no parió la miseria en la que duermes,
nació de las voluntades de mil hombres y mujeres,
que nada está escrito para siempre.
Despierta.
El invierno llegará, arañándote la espalda,
mirarás el telediario como quien lee un telegrama
que trae pésames y flores. Mientras mascas los silencios
te robarán la memoria nigromantes y usureros.
Aquellos que ahora bailan celebrando la hoguera,
en que arde tu futuro, herido de hipotecas,
de dulce mansedumbre, narcótica ceguera,
herido y desangrado, el futuro aún espera.
Despierta,
ya verás, que te están esperando,
paciendo en el portal una reata de pegasos
para cruzar el cielo tras la estrella del vencido
y hacerse las preguntas que exigen estar aún vivo.
Despierta,
has de pintar nuevas constelaciones
para que navegantes extraviados en la noche
encuentren el camino que les acerca al mañana
en el que Prometeo burla al dios y trae la llama.
Que el destino no parió la miseria en la que duermes,
nació de las voluntades de mil hombres y mujeres,
que nada está escrito para siempre.
Despierta. Despierta. Despierta. Despierta.