martes, octubre 17, 2017

Justo



Calla, no remuevas la herida.
Llora siempre en silencio.
No levantes rencores,
que este pueblo es tan pequeño...
Eran otro tiempos.

Calla, no remuevas la herida.
Llora siempre en silencio.
No levantes rencores,
que este pueblo es tan pequeño...
Eran otro tiempos.

Todos le llamaban Justo,
justo, de nombre y de acción.
El mayor de 5 hermanos,
elegante, el más prudente.
De un pueblito de la Sierra del Segura.
Sastre y leñador de profesión.

Se hablaba con la Asención,
morenita, la de Amalio.
De los pocos que leía,
estudiaba por las noches
en los tres meses de invierno.
Él cantaba por las calle
siempre alegre una canción.

Al final del 38 son llamados a la guerra
la generación más joven, "La quinta del Biberón"
se subieron al camión,
como si fuera una festa
pero él fue el único que no volvió.

Y ahora yo, logro oírte cantar.
Se dibuja tu rostro en la armonía de este lugar.
Y ahora yo, logro oírte cantar.
Si no curas la herida,
duele, supura, no guarda paz.

Tras trece días sin noticias,
la alegría de un segundo:
llega una carta de vuelta,
otra de su compañero
"Fue una bala, nos leía el diario,
me quedé con su cuchara
la guerrera y el mechero".

La madre Llanos baja
gritando por la cuesta:
"¡canallas!, ¡me lo habéís matado!"
sin una flor, sin una adiós
la única tumba, la de su corazón.

Pero ahora yo, logro oírte cantar.
Se dibuja tu rostro en la armonía de este lugar
Y ahora yo, logro oírte cantar.
Si no curas la herida,
duele, supura, no guarda paz.

No guarda paz
no guarda paz
no guarda paz

no guarda paz
no guarda paz
no guarda paz.

Quiéreme niña,
quiéreme niña, quiéreme siempre.

Quiéreme tanto,
quiéreme tanto, como te quiero.

A cambio de esto,
yo te daré
la caña dulce, la dulce caña
y el buen café...