domingo, junio 29, 2014

Pongamos que hablo de Joaquín




Degenerado y mujeriego
con cierto aspecto de faquir,
anda arrastrando su esqueleto
por las entrañas de Madrid.

Aunque andaluz de fin de siglo
universal, quiero decir,
no sé qué tiene de rabino
cuando lo miro de perfil.

Amigo de causas perdidas
desde aquel mayo de París,
no tiene más filosofía
que el "vive a tope hasta morir".

Medio profeta, medio quinqui,
el lumpen es su pedigrí.
Un tinto y una buena titi
le bastan para resistir.

Tirando a zurdo en sus ideas
por donde escora Bakunín,
dice que abajo las banderas
y arriba la lluvia de abril.

El perdedor es su universo
aunque desea ser feliz.
Y aún hay quien dice que está cuerdo.
Pongamos que hablo de Joaquín.


Luis Eduardo Aute

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