lunes, septiembre 22, 2014

La planta 14




En la planta catorce del pozo minero
de la tarde amarilla tres hombres no volvieron.
Hay sirenas, lamentos, acompasados ayes
a la boca del pozo.

Dos mujeres de luto anhelando dos cuerpos
y una madre que rumia su agonía en silencio,
es el tercero.

A las diez la luna clara
se refleja en las sortijas del patrón recién llegado
con sombrero, gravedad y su aburrido gesto.

Él ha sido el primero, vendrán gobernadores,
alcaldes, ingenieros.
Tratarán de calmar,
la presentida viuda que se muerde el pañuelo,
no sabrán acercarse a la madre que les mira
con los ojos resecos.

A las doce el patrón mirará su reloj,
los otros ya se fueron,
y en un punto y aparte esbozará un fastidio
mientras piensa ¿pero dónde están éstos?

Ha llegado otro relevo de bomberos
y la una menos diez, era la noche,
el primero muerto.

Sentados en el suelo, los mineros
se hacen cruces y reniegan de Dios,
quién diría les pillara de sorpresa la tragedia repetida.
A veces el más bravo se le queda
mirando fijamente al patrón
con dientes apretados.

Y el patrón con sombrero,
tiene dos policías a su lado... ¡no hay cuidado!

Tres horas lentas pasan
y a la luz de las linternas asustadas
el cura con los ojos arrasados
al segundo le va uniendo sobre el pecho las manos.
Y un chaval de quince años
mientras llora impotente se abraza contra un árbol.
Y el chófer del patrón con su gorra de plato
se siente desplazado, es un hombre prudente,
bien domado.

El rocío ha calado hasta los huesos cuando sale el tercero
le recibe con sonrisa gris azul la madrugada
y con voces los mineros
mientras se abrazan todos y uno de ellos,
el mas fiero, por no irse al patrón,
llora en el suelo.


Víctor Manuel

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