domingo, agosto 10, 2014

Necesitaba un vals para olvidarte




Ésta es la última canción que voy a regalarte
cuando acabe para siempre ya no estaré aquí.
No fui feliz.
Desde el día que dejaste todo por aquel cursillo
intensivo y falto de cariño como tu niñez.
Todo al revés.

Fuiste para mí lo primero.
Yo era para ti, un sexteto de cuerdas desafinadas.
Llantos en la madrugada.
No fue amor, no es amor, no lo quiero.

Tienes 24 años,
demasiada plata.
Tienes un abrazo
que no abraza nada.
Y aunque no lo entiendas, me olvidé de ti.

Adiós, amor.
No vuelvas a tocarme la piel, amor.
No vuelvas a tocarme la piel.

Si miraras menos al espejo
cuando estás hablando con alguien delante.
Si no fuera errante toda esa belleza
que no es nada más que un vendaval
que ya se aleja.

Si de vieja en ese espejo lloras,
no te arrepientas.

No te arrepientas de tu maldad
que es inconsciente como el agua del mar.
Como sal que se vierte en la herida al curar,
como locos que quieren no quererse ya más.

No soy como tú,
te deseo el bien.
Pero lejos.
No te olvidaré.

No llames y vuelvas.
No vuelvas y llames.

Adiós, amor.
No vuelvas a tocarme la piel, amor.
No vuelvas a tocarme la piel.

Adiós, amor.
No vuelvas a tocarme la piel, amor.
No vuelvas a tocarme la piel.


Andrés Suárez

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